Hola, querid@s blogger@s a la par que familia. Hago un paréntesis en mi quehacer (que no, qué hacer) para referiros un suceso que tuvo lugar ayer en mi propia casa.
Habiéndo terminado de leer el nuevo libro de mi vecino (quiero decir que él es el autor, no que sea de su propiedad. Ah! amigos y amigas, que me he gastado la lana) y dado que me pareció muy bueno (por si os interesa "Tigre Manjatan" de Javier Puebla), pues como iba contando, tan contenta me dispuse a mandarle un msn para felicitarle por su obra. Él me respondió muy agradecido y zanjé el asunto.
Media hora después, suena el timbre de la puerta de mi casa y pensando que fuera el autor, me atusé un poco las greñas, me cerré la cremallera del chandal y osadamente sin ojear por la mirilla me lancé a abrir la puerta...
....Topeme con una señora muy puesta y dispuesta, con abrigo de pieles incluído que hace la intención de entrar como elefante en cacharrería:
- Huy, hija, tu no me conoces, a que no?- Servidora, que no daba crédito y no sabía si alguien de mi hogar había hecho nuevas amistades, franqueando la entrada a la intrusa responde con un contundente:
-Pues no, señora, no la reconozco ni la conozco.
Ella, entornando los ojos e intentando esquivar el obstáculo, me lanza:
- Tu vas a ser una de las cuatro hermanas canarias, a que si!!- tan segura ella.
- ¿Cómo?- digo yo sorprendida- (ah, si, soy Piolina. Esto no se lo dije, pero venía bien al relato)
Desde el principio, esta buena mujer quería plantarme dos besos para lo que ella echaba su cuerpo hacia adelante y yo me inclinaba hacia atrás, vamos, que parecíamos Olivia Newton John y John Travolta bailando en Grease.
- Señora, ni soy canaria ni tengo tres hermanas (que yo sepa). Para mi que usted anda confundida.
- Anda!, pues ¿Dónde estoy?- dice ella mirando la puerta de mi casa como si hay pudiera encontrar la luz en su oscuridad -¿No es este el primero?-
(señora, en el planeta Tierra, año 2009)
-Qué me dice, señora, el primero de qué?- qué sainete, señoras y señores -¿Qué primero?
Ella, ignorándome y presa de una confusión tremenda, ya dando pasos atrás iba diciendo para sí misma,
- Huy, esto va a ser que me he confundido, porque qué piso es éste? si yo voy al primero!- dice mirándome con desconfianza, como si yo fuera culpable.
- El quinto, señora, este es el quinto D
Con la escalera a oscuras, retroecede mascullando, "Claro, como yo vivo en el quinto, pues eso" mientras se aleja a oscuras, a punto de rodar escaleras abajo, mientras sin darme la espalda echa la mano atrás buscando el tirador de la puerta del ascensor.
Y así, sin despedirse siquiera tan solo con un sencillo "Y, eso", desapareció tal y como había venido. Yo cerré la puerta y empecé a reir y reir....
En fin, cosas que pasan.
lunes, 23 de febrero de 2009
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MMMMmm mmmmmm mmmMMMmmm (con toniquete de San Martín, ya sabes).
ResponderEliminar¡¡Mierda!! Si es que no le puedo encargar nada a mi madre... Mira que le dije: Ella es una pájara... y mi madre, así que le falla la memoria, asoció pájaro con canario (que tuvimos uno hace tiempo que ya murió). Pues nada, queríamos colarnos en tu casa para robarte el libro de tu vecino. Con la crisis no tengo dinero ni para el Intenné, así que no me lo puedo bajar en formato electrónico. De todas formas, mi madre también tié tela... le dije que cuando preguntaras, dijera que iba al quinto de caballería... pero se encontró al trío de damas y, claro está, eso la descolocó. "En resumiendo", que la próxima vez te envío a mi padre a ver si hay más suerte :)
ResponderEliminarEsto se parece cada vez más al argumento de una peli de serie negra de Toni Leblanc y Gracita Morales.
ResponderEliminarMe pido Gracita... que yo soy muy ¡señoriiiitoooo!
ResponderEliminarAnda, di que luego te quejas que si crisis, que si crasos... menudo abrigo de piel y joyones que llevaba tu madre
ResponderEliminarAnda, craso tu error al pensar que no nadamos en la "ambulancia" (que, dado el percal, te diría que nos podrían fletar una para nuestras familias).
ResponderEliminarMi madre es muy humilde. Las joyas se las prestó el famoso diseñador romano (siglo III a.C.) Valentino. Y el visón ha sido un regalo de Coco (no Chanel, sino del de pelo azul de Barrio Sésamo). ¿O acaso no te fijaste en los pelos de su abrigo? (eres mala, estás pensando en los del bigote, se lo voy a decir). Bueno, que me despisto. La próxima te mando a mi padre travestido.